Esto va por tí nena, porqué me diste la idea y la fuerza. Porqué lo eres todo y me haces respirar bien hondo, porqué te como a besos y no hay ningún mal en eso. Comienzo por tu iluminación, intento hacer una metáfora absurda que muestre lo que siento, no creo que caiga en mi intento. Que si tengo que perecer lo hare a tu lado. Porqué no te cambio por un puto cromo con croma, eres motivo de que no caiga en coma. Tu me entiendes y comprendes, sabes que soy muy lento, perezco en su intento, destrozo mi momento. Me diste la inspiración como don, ahora escucha esta elaboración. Sentirás mi poesía y sí sabras el porqué de mi utopía. Niña, salvame del desastre, impide que sea alma errante. Escucha mi historia a gusto de usted, dama de mi ser.
Se abre el telón. Color rojo pasión es su cortina. El público ya sabe que se avecina. Se respira expectación, pues va a dar comienzo la eufórica actuación. Todos toman asiento, unos delante y otros atras. Da igual el lugar, todos con palomitas y refresco, admiran el escenario del encuentro.
Luces fuera, focos en on, te presento mi don. Escenario de esencias, admiran su compuesto y retales, la muchedumbre atónita por el paisaje. Tres focos iluminan el fondo, algo hondo y cobarde, decoración del pesar errante. Muebles, ventanas, camas y cortinas se dejan entrever. El público sintoniza la situación, saben de que va la acción y el próximo desenlace; van de listos y no lo saben.
El actor aparece en escena con sutileza. Su cuerpo, comido por las sombras dónde el foco no llega. Su mente, puesta en modo inexistente. Su primera palabra, un bostezo grotesco, síntoma de cansancio por esto. Su primer sentir, un sin fin de escenas con gestos a recordar y admitir. Su pesar errante, que todo se le olvida. Se pregunta dónde dejo la ansiada vitamina. Se lleva las manos a la cabeza y se caga en su estupidez, sabe que no va a llegar a fin de mes. Así , se gira y mira al público, le saca el dedo a modo de insulto y cae con un sonido mudo. Este, atónito por el gesto, muestra cara de sorpresa por el efecto del hecho. Zas en el pecho, por creer saber antes de que iba todo esto.
Corriendo entra la actriz y ve el cuerpo. El público pegado en su asiento, huyendo, pues el teatro esta ardiendo. Ella le busca el palpitar, roza sus manos y su pecho, no nota el corazón sufriendo. Duda sola en la duna, le queda grande, no sabe que hace daño al alma errante. En sus cabales, ella representa la tragicomedia en la escena. En sus manos esta la decisión: trágico destino fatal del hecho o comedia comida a medida cuando pasa por el lecho.
Los extras hacen su aparición. No son del montón de los desechos. Es la médico por un lado y por otro el bombero. La especialista admira la escena y prepara la infusión. Los bomberos apagan el fuego, dicen que ha sido provocado por un loco cuerdo, un pirómano que odia el fuego.
La doctora se acerca a los actores, ve a la chica llorando y acariciando el cuerpo de su compañero. Ella se pregunta que para que prender el mechero si ya habrá un cortocircuito en su momento. A su vez la infusión esta casi lista, es veneno para el artista. Con gesto de despreció, aparta sus manos del pecho y le derrama el liquido por sus ojos y oídos. Ríe con el escalofrio de la mujer y sus delirios. ¡Toma lirio! Otra vez creías que sabias del curso del río.
Ahora sí, el actor abre un ojo y saluda a la médico. Con un guiño ella le extiende la mano. Él se levanta y ve a su compañera, comprueba su pulso y ve que está muerta. Se pregunta si habrá hecho lo correcto y mira a la especialista en brebajes. Mala suerte que no le quedará del elixir que hace girar los engranajes, decisión de ella fue querer colocarse.
El sabía desde un principio que suicidarse no era el juego. Sabía de la doctora, de los bomberos y del fuego, planeo salvarse desde el comienzo, él provoco el incendio. Mintió a la actriz para saborear un poco sus gestos una vez el no estuviera. No pensó que ella hablara enserio, que de verdad quería matar su pertrecho. No quería existir, que nadie viese su perfil, su verdadero sentir loco y errante, su pasión por el alfil.
Igualmente el actor no sentía pena, el al menos vivia en sus cabales carnales. Aprendió que la verdad mejor por delante; es de ser mas elegante. Que por mucho que su profesión es actuar, no todo es un teatro. Así, guiñando con el otro ojo, la médico baja el telón carmín; es la corte de cortina que avecina el fin.
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