lunes, 16 de julio de 2012

Dosis de reflexión

Bien temprano por la mañana, el reloj las 9 marca. Yo en mi terraza balcon a ver si le saco algo de rima al corazón. Con entuasiasmo y redendención voy a crear mis versos sangre, con las venas a punto de rebentarse y el bombeo a punto de pase.  
Las palabras, palabran son, y el amanecer no incita al perdón. Solo vagar por tu mente sumida en la indecisión de escoger en una u otra conexión, de encontar la chispa de la razón. Miro por el balcón y veo nada, a estas horas toavía duerme la ciudad encantada. Y yo sumido en el sueño diurno del que mañanea bajo la luz de un sol acusador,  salpicando el suelo de sudor y con frío en la intuición.  

Buscando fe entre acción y acción, preguntándole a mi dios si todavía debo creer en el credo presente. Buscar los motivos para salir de la nuve inerte y alzar el vuelo omnipotente. Para someter la ciudad a los entes de la pasión, la bondad, el pensamiento y el corazón. Dibujar la inmensa sensación a color y dejar de ver en blanca, verde y negra la razón que admiro desde mi cuarto balcón.  

Las cinco de la tarde, italiano es la clave. O más bien es  la llave que abre mi monotonía en la sien y deja que fluya algo nuevo de mi ser. Siempre café, canelo y rimas a pelo. Del suelo al cielo en pocos minutos y vuelta al mundo real con un plaf rotundo. Con un eco mudo del que calla a despecho y habla por versos. Ama por gestos e intenta borrar los bocetos de su vida que se han hecho. Sentado frente al cuaderno busca redención de alma y cuerpo. 

Y sabe que no llegará hasta que él no quiera. Debe darse una buena dosis de reflexión de escenas.  De conocer verdades y desenrollar los rollos de su cabeza que piensa. 

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