El reloj sigue girando y las manitas ninguna hora marcan. Ya todas han sido aducidas por tanta demora ingrata. El reloj siempre canta:
La Una, la batalla de uno mismo contra las dudas y la base de toda ruta. Las dos, dónde buscas a tu idéntico corazón. "Donde caben dos caben tres", y el reloj no duda en ir a la siguiente. Las cuatro, es hora de estar con más conocidos en cada cuadrilátero. A golpe de látigo llegan las cinco, se ponen en on todos los sentidos. Las seis, en travesía para encontrar el sexto sentir del sensei. Las explicaciones de un viejo y su porvenir, él te mostrará como superar el siguiente tic. Se da el tac y el siete te estremece las entrañas, son los pecados capitales de los que el maestro hablaba. Eres gula, avaricia, pereza y lujuria; eres soberbia, envidia e ira en cada conjetura. Y que más dan los augurios en la estructura llena de heces. El número ocho te pasa la factura del creces, en el infinito se quedan tus chocheces. Y el nueve aparece y te devuelve la tranquilidad y blancura en la mente tal como es la nieve. La totalidad llega con el diez y su excelente, el primer número de dos dígitos que avecina la vejez inminente. El once y su significado de dementes, el 1-1 camuflado que es ego de especímenes, doble base de creyentes para ser yo y después yo también. El doce y sus poderes, ahora eres enviado de Jesus y parte de sus apóstoles relucientes. Te transformas en el comepiñas de los superiores, esos que sin estar hacen del mundo un crimen. Y si cae martes trece, no podrás escapar de su omnipotencia imponente, todo queda a juicio de la suerte. Has tenido potra inminente y el catorce rozo tu mente, es el aniversario de este escritor sin banderas, himnos y estandartes. Solo lucha por mejorar la vida de él y sus errantes. Y si fallas más de quince veces es porque la base se comió los sentidos presentes. Las agujas se detienen, tienen miedo de llegar a la mitad del trayecto adherente. Pregúntaselo al solitario dieciséis que simplemente es un puente para superar el miedo a este. Un recorrido de reflexión y control inapetente. Pues él es el diecisiete y su posición le da el poder de la balanza; el es la justicia justa del humano y su panza. Inchada batalla luchada entre la base y los capitales que matan, el diecisiete te mantiene firme y equilibrado en la entablada. Esquiva los capitales, el dieciocho eleva tu base al infinito de las bases, esas que crean los suelos y las realidades. Bienvenido el diecinueve en que elabora corazones con tu ruta llena de nieve, tranquilas razones para el relojero del reloj de las eternidades. Ya se hecho tarde y el veinte lo sabe, es hora de dos más Casper. Es hora de compartir con tu mayor semejante y las manitas paran el tempo durante un instante. El veintiuno latente y lo que esto supone para la mayor de las crencias, es 2x1 en especie rebosando de esencia pues tienes a la nena y a tu mejor colega. Y entonces el veintidós se cuela y te cagas en su puta madre muerta, venga falso cuatro vete a la mierda. El veintitrés se acerca y avecina el final de la rueda; salvese quién pueda pues el veinticuatro acaba con todo rastro de las antiguas horas ya muertas. Es el linde a una puerta, la de comenzar de nuevos el reloj de las veinticuatro eternas.
La clepsidra sigue sumergida en la laguna inmensa y las manitas ninguna hora muestran. Ya todas han sido aducidas por tanta rueda duradera. El reloj siempre canta... las veinticuatro y no las doce posadas, son las agujas marchitas que nunca paran.
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