Preguntan que si voy, yo les respondo que ya estoy. Les digo que voy, me dicen que en otra ocasión.
Cafeteo solo y en dolo, ellos por sorpresa en corro. Se excusan en cada situación para el socorro, yo les digo de corazón que ya no causa ni la menor sensación. Que del fruto de la emoción ya no queda ni un gajo, pregúntale al gato nocturno que siempre está en el ajo. Andando por el asfalto ya aprendio varios atajos. Unos arriba y otros abajo, la cuestión es esquivar el fracaso.
Hazle caso, sigue al gato de las noches soleadas. Él te mostrará como comportarte en cada entablada con semillas, de hecho te enseñará como cuidarlas. Controlar cada oleada de guerillas que intentan destruir lo que admiras y quieres. Esa gente maligna que no tiene ni puta idea de quién eres y como eres. El gato nocturno te manda los deberes, les manda lo que se merecen; a veces bueno otras heces, a cada uno le afecta de forma diferente.
Inmunidad proporciona para ti y tus más profundos latentes, el gato pretende combertirte en ente. Para ser luciérnaga en la noche demente, para iluminarle el camino a los presentes. Aunque estos no quieran, el nocturno intenta combatir las quimeras diurnas, lejos de monstruos, calaveras y urnas. Unas con cuerpo y uñas rajan cualquier estima, otras simplemente te timan. Sin embargo para muchas eres un imán potencial; que eso de aprender lo llevamos mu' mal.
Que la moraleja nos la cuente el gatuno que rebusca en la basura al final de los finales, que nos explique como funciona la vida en sus cabales. De edificio carnal en edifico mortal, al gato nocturno le hace el retal al disfraz de carnaval. Para que sobre la parte falaz, cuidado con el felino que te robará el antifaz. Te dejara desnudo y sin traje, debatirá cualquier frase salida de vuestros disfraces hechos de sangre.
¡Que al minino no le importa mancharse! Él tiene como objetivo fino mostrarles, únicamente que sepas si vale la pena o no mojarte. Dedicarles tu mejor sonrisa fuera del arte, ese credo estúpido de bendecir los carnavales. El te da fuerza para que sientas que vales.
Pero el gatesco oculto de mis versos errantes se cruza con noches soleadas, la disputa ya queda dada.
Gatesco porque tiene algo de nocturno y grotesco; nocturno porque ve bastante aún sin verlo, grotesco porque empieza a coger asco por todo esto. Lo llamo el poder oculto de los versos, los puros versus los gatescos.
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