En clase. Sonido incesante del profesor que narra la historia. Ágria, hablamos de
población. Refresca mis sentidos, me recuerda que todavía no he parado a reflexionar
sobre los pasados acontecimientos. Quizás simplemente sea porque no cabe una gran reflexión.
Es una farsa, una falacia del subconsciente.
Confesado del pecado más vanal, veo con gesto divertido como sacias la sed de aquellos que
viven en la movida. Nunca satisfechos de delirios efímeros.
Y dice algo así como: "No hay más ciego que el que no quiere ver".
Y mi visión es clara, aquí escribe y piensa un pobre moribundo,
ciego de busqueda del valor más absoluto de la circumstancia
en la que vive, llena de imperfecciones y esperpentos.
-No sense, none feeling-
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