sábado, 25 de febrero de 2012

Pirámide

No son más que tratos, que gestos camuflados en acertijos de respuesta matemática. Y si algunos lo llaman delirio, yo poso el lirio. Ramo de polvo, vida que no florece, el pensamiento anochece, no hay amanecer.

Y si me falta la luz, Osiris vendra en mi ayuda, iluminará el campo de la ternura, de los cosechadores de vidas palpitantes.

Mi cúspide es lo eterno, el llegar a ver con la claridad de los ancestros, de juzgar lo real por encima de lo utópico, sin que esto pueda llegar a influir en otros.

Pues cada uno tiene su pirámide, y así vamos, escalando la raíz del pilar de tu historia; cada trampa un desafio, cada cámara una riqueza del saber, cada pasadizo un devenir.

Y esta costumbre de escribir lo que siento, es lejos de supersticiones, la vivencia de aquel que está en el principio de la pirámide, del que supera torpemente las trampas y no encuentra los pasadizos. Del que busca el sentir, resignado a pensar y escribir.

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