Y no poder reprimir esta pasión por escribir es, el mejor presente de un pasado sin futuro. Salir de mis entrañas, de la tela de araña y no ser más que un mosquito muerto. Definir el sensor de mi razón: no ser de la banalidad del montón.
Las musas hablan, las nauseas de testigo, intentando sacar algo de brillo, a este devenir de caminos sin sentido. Una nueva confesión de mi corazón, habladurías mundanas de otro mundo, de allí dónde lloran los cobardes, dónde las lagrimas llegan al cuello y solo tienes una intento. Ya tiempo desterrado del edén, pues en si ser, ni un gesto de aprecio nacer.
Una visión desde las alturas, las estrellas susurran y las musas ahora escuchan. Revelo el revuelo de este recuerdo. En vano, pues consciente de la mentira ella era, y sin embargo, le faltaron agallas para cuestionarlo. Yo como ves no te lo explico al revés, tengo el querer de que seas capaz de ver mi ser.
Enfermo de libertad, vivir es un suplicio pero esconde sus encantos. Cada día la inmunidad se fusiona a mi lado, júntate y lo verás en el primer plano. Pues lo que vale es la persona y no el dinero, aquí no hay fiesta de chivos, no siempre hay que ser el primero.
Siempre motivos tengo para estar antento, quizas me prefieran cuerdo, pero mi locura es el mejor alimento.
Y si realmente me comprendiste, portadora de esperanza y encanto, la luz iluminará un pequeño campo. Allí dónde la cosecha del corazón es eterna y la luz infesta.
Sin ser confesión de amor, esto esconde una razón. La de poder compartir con tu alma mi arma, pues todo se resume en que si no asumes no subestimes. Que suene triste es una etapa, para poder destapar la tapa, del que solo encuentra sosiego en un puto lapicero.
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