Pues esto es como el ajedrez: blancas mueven primero, negras vencen el juego. Cualquier instante
es idóneo para el vaivén del lapicero, para ser blancos y negros sin dejar de ser gris; acordaros
del matiz.
es idóneo para el vaivén del lapicero, para ser blancos y negros sin dejar de ser gris; acordaros
del matiz.
Invitar a la partida y partir el tablero, dejar la discusión del curso cursi de quién ganará el encuentro. Rey en torre sin caballos que protejan, reina impotente cual marfiles, asesinato de alfiles.
Moverse por cuadrados rectangulares ajetreados, sentir la carne y no esperar ningún encaje de este loco engranaje; gesto ágil y corazón frágil.
Tablero de esencias sedientas, los pecados son instintos que deliran. No lo llames amor o pasión, llámalo vida; o encuentra esa palabra honesta a esta rueda, pues nada es lo que parece y las blancas vencen.
De ahí que esto acabe como empezó: apagándose en el cenicero y retomando nuevo sendero.
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