viernes, 1 de junio de 2012

El boli del Karma

Cuenta la leyenda que existía un niño que sometía a las quimeras.  Cazador de esquemas y difusor de la fusión del alma con corazón.  Era un profeta a la vez que  un simple poeta que redactaba cada escena. Vivía en el edén, o al menos  lo intentaba,  en un nube inerte el se hallaba.  Salía de casa con su mejor arma, el lapicero portador del karma.  El no hablaba de nada,  simplemente redactaba. Nació mudo en una ruin casa,  a ella le daba las gracias cada mañana.  Pues allí aprendió como es la vida, el prefería estar en los bloques de las fincas. 

Se alimentaba de cada filípica, fue elaborando poco a poco su lírica muda. Sumido en la bruma del foco de aquellos que juzagan, aprendió a defenderse en su angustia. Ostia tras Ostia,  calada tras palabra, así fue su infancia.  Pero el callaba, seguia el juego de la esperanza a ultranza. Una vez pasada la tormenta daba las gracias, no sabía que maduraba con cada escapada.  Así día tras día entendió la melodía, supo que era el aprendiz que quería escapar de su tétrica matriz.  Se rascaba cada cicatriz para recordar el hecho,  daba las gracias a su pertrecho. El era el niño mal educado que fue autodidacta porque se veía caducado.  Elaboró su propio criterio para cuidarse alejado de los santos, supo que sin cariño se crean espantos.  Que ser un maleducado con los corazones solo creaba devastaciones. Él entendió la necesidad de tener latentes y de apreciar a los presentes. Ayudar a los dementes y a los más inteligentes, el únicamente era un pretendiente del pensamiento como ente. Aprendió de todas las patentes que pudo, de cada acción del grito mudo y del jodido mundo sumido en sus drogadicciones.  Sentado en los portales,  fumaba sumergido en una pila de papeles brillantes, eran todos sus aprendizajes. Cada uno con con encaje para comprender a cada errante, para honestamente poder ayudarle.  

El boli del karma debía profetizase, todos debían salir de su arrastre y comenzar a comportarse como personas reales.  Cazador de esferas carnales, de almas y corazones en pena, siempre dando lo mejor de él en cada escena.  Pero allí si dabas la mano para ayudarle te cogían el brazo para sumergirte en el desastre. Les gustaba caminar con alardes y engañarse de sus propias verdades. Tenían a Hades como sombra,
quizás sea su autentica forma. 

Niño que haces con ese boli, no ves que te vas a quedar fuera del all in.  Vente al  sin fin de no pensar, mentir, tomarte por tonto y escupir. Vente a nuestra triste vida del lamento posterior a cada motriz. 

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