Emperador, conquistador y sometedor. El es el césar, el enviando de los dioses y las estrellas. Sentado en el sillón y rodeado de querellas, con los pantalones por las piernas cuándo él quiera. Con comida para alimentar a las quimeras más feroces, él es capaz de darte y quitarte el roce. Banquete extraordinario para once comensales, él hace el doce. Es la réplica de un tal Jesus y sus apóstoles. Él en la pole, rezos antes del manjar seguidos de un olé.
Que rule el tinto, que a todos ellos les es indistinto. Llamar al bufón a ver si se gana el perdón del destino. Que no pare la mágica actuación que este es el principio. Pues hoy es el día de los sacrificios. ¿Todo bien amigos? ¿Que tal la cena de mi cautivo? A base de palos cocina el jodido, ya aprenderá que yo no doy el despido. Mucho menos un finiquito, pobre chiquillo.
Tomen asiento quillos, ahora viene lo más divertido. La lucha de gladiadores al más puro estilo. Con el rúgido de leones y el silbido de armas en el estribillo. Con carros arrastrando a los merecidos, con arqueros disparando desde los montículos. Con muchos chillidos con cada rito y sangre salpicando a esos tipos. Sí, el pueblo estúpido, esos que con pan y circo son los mas túpidos. Con ingenio, tan solo tengo que montar el juego. Seleccionar a cada caído y mover el pulgar con estilo.
Hacia arriba positivo, hacia abajo negativo. Este es mi circo, son mis gladiadores y también es mi casino. Es el poder del cansino que viste corona de laurel y camina entre soldados de cuartel. Mando que peguen el cartel y anuncien el evento, yo sentadito en mi cabestro, el de los héroes mas diestros.
A siniestros muevo a los ministros, vosotros los once soy mi sumistro de fuerza. pues yo soy un cobarde sumido en el esfuerzo de no ser siervo del resentimiento carcelero.
Siempre pan y circo para lograr el mejor vuestros brincos. Ratifico, para que no seáis pobres moribundos.
Pero yo, hijo de Dios y hermano del mundo. Portador de laureles e imagen de monedas de cambio, doy todo mi reino por modificar mi ámbito. Regalo al bufón y quemo el banquete simplón, os vendo a los once al mejor postor. Destrozo el coliseo y os entrego a las que me codeo.
Regalo mi dedo maldito. El sí del complaciente estereotipo y el no demente creador de hipos.
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