Ya no sé que hacer, ya no sé como proceder, ni a quién rogar para no perecer. Llamada perdida al placer de estar con los tuyos cada amanecer. Sentado en la mesa con café y a mi derecha el hiel. Frío en mi piel aún con el sol pegado en la sien y en busca y captura por infiel. Por haberle traicionado a él sin querer, por juntarme con los que no tenía que ser. Por jugar con tu sentimiento oculto del pasado que fue, por ir y venir sin que tu lo dijeses. Por pensar que pasabas de mi cada atardecer, causa de que errase en mi hacer. Ya no me quedan sonrisas para seguir en pie, se que ya casi perdí tu querer. No me atrevo ni a mirarte ni a pedirte nada, sigue tu camino con cada parada y disfruta del paisaje desde tu ventana.
Yo ya no quepo en la tana y además mi peso destruye tu alma. Que suene la alarma para que encuentres tu mejor arma, busca a tu hada y se feliz con los de tu usanza. No me quedan gracias, ya no se como devolverte cada calada. Cada palabra escondida tras tu fachada, escribir y pensar es mi inútil ancla. Para que mi barco no se pierda entre las cagadas, para intentar buscar la redención en mi entablada. La de no tenerte en mi alma, la de notar que me falta tu felicidad en la composición matemática. Ecuación de mierda aritmética, en progresiva decreciente ética y en creciente ilusiones mal hechas.
Colgado de una percha para solo servir una noche de fiesta. No hay lágrimas para tal gesta, no se ven en mis ojos pero inundan la tristeza. El no estar conmigo para superar la cuesta, el no querer ni hablar de mi insolencia. Encerrarte en tu esencia y no dejarme entender tu carencia, no poder transformar la ansiedad en la virtud más honesta. Decisiones al filo en la escena, es muy difícil seleccionar la correcta, es muy fácil no buscarla entre la maleza.
Lo siento, una y otra vez, por la enésima vejez que he creado, por meterme en tu vida sin que me dieses el permiso adecuado. Por encerrarte todavía más en tu cuadrado, el de tu casa y el de tu silencioso llanto. O al menos eso pienso, pues el pasado es cimiento y vivías en el miento. Quizás yo fui lo que buscabas, pero te defraude en tu morada, me junte con quién manda. Anda y anda, pero no encontré el camino, no quería ver que jugaba contigo. Y tu en tu silencio marchito y yo ciego del canuto ambiguo. Tu con ella escondido, yo hablando con quién no tiene nada que ver conmigo.
Quiero ayudarte amigo, pero no me dejas. Me duele saber que solo fui un recuerdo de esa querella con la que podrías haber rozado las estrellas. Ese mejor amigo al que buscabas desde tu paciencia infantil, ese soporte venido de profecías eternas del febril. Pues yo note tu esencia, supe que no podías ser pasajero en mi vida de mierda.
Ahora llevo una cuerda,atada a la nostalgia y a la peor alergia. La reacción dañina de ver como a mi mejor amigo ya no le importa mi presencia...
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