Fugitivo, en busca y captura por lo ocurrido. Escurridizo, tratan con un esquizo. Desaparecido, nunca han visto nada similar. Reza todas las mañanas a la virgen del pilar, sale a pasear y saluda al vecindario. Repasa el abecedario, tacha los días en el calendario, vive a base de esperanto. Espera tanto que el día es corto, toma café para vivir en continuo insomnio. En vela por estorbo, despega los carteles sordos, tatua cada sorbo. Vive en un ocho, pues ha creado el octavo pecado, él es el abogado del diablo.
Ya sabeís de que hablo, es el guardaespaldas de los actos. Va de santo, es el serafín del diablo. Su composición llena de espanto y a la vez de esperanto, él sabe de llantos. Crucifijos con estilo para engatusar a los caídos, juicios siempre al filo. Asqueroso hilo para bordar poco cariño, muchos solicitar sus servicios. Conductor del vicio y acompañante del codicioso, conquistador del ciclo y perdedor del cariño.
Por eso vaga, haga lo que haga esta fichado. Presente delante de cada juzgado, con el poder del ocho de su lado.
Pero está atormentado, reza por ser respetado. Saluda al vecindario para no ser odiado. Repasa el abecedario para no olvidar el vocablo de las bocas. Insomnio para vivir de pocas, tragos para olvidar a las locas.
Sumiso defensor, octavo ganador. Es oxígeno, el número atómico y el atontado infinito. Si lo giras deja de ser finito y neutral, es fuerza sobrenatural entre la rivalidad. Las dos serpientes del caduceo, el antagónico y el bendito número chino. Es suerte para los antiguos. Desde la Edad Media dando tumbos, siendo firmamento mudo. Fue perfeccionamiento de los influjos entre mundos.
Ahora es nulo, el octavo pecado es un bulo. No es más que el estado chulo del que defiende lo absurdo. Es tu guardaespaldas oculto, o mas bien es tu croma sucio. Plagado de insultos y faltas, corrompiendo el atlas y atando a las masas. Es tu intención de tener el poder de atención, es la corrompida sensación de ser el centro de cada acción. Es tu turbación por lo incorrecto y son los llantos eternos del regocijo en el sufrimiento. Es tu inestable vida en el "miento".
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