sábado, 5 de mayo de 2012

Todos al retén

Bah y luego vuelven. Del ven-ven al vaivén de su andén. Próxima parada en el retén. Pues realmente allí todos bajan, aquellos que no encuentran su parada. Y la mía la pasé, siempre nuevo viaje cada amanecer. Día tras noche,  el tren azabache recorre mi ser. Recoje mi querer y le da un garbeo en arameo, así siempre acaba perdido entre tanto agetreo. Acaba perdido y sin rumbo, con el rudo sentimiento de que cada parada es de otro viajero.  Siempre baja alguien primero, increible su paso certero, risueño su engreido momento. Y estos ojos se atreven a mirar el  intervalo entre el tren del amor y el andén del descaro,  entre trayecto y amparo. 

Al otro extremo del vagón desconocido, viguilan mi recorrido. Son perros que buscan droga hasta en los huevos, son todos los canelos que se fuman sus huesos. Son sus momentos, sus canteos y sus convencionalismos, es su motivo. Los veo bajar del tren y entre ellos ya empiezan a rajar, menudo viaje le queda. ¿A quién? A esta rueda de amanecer y reten, de ir de tren en tren y de parada en parada y nunca pensar que es la adecuada.  Desgastarse la mirada y renovar el tacto,  mirarte desde el asiento con descaro, posar su mirada en el acto. Los que suben por los que bajan, los que tican por los que pasan, los que pagan por su salvaguarda.  

La sirena anuncia nueva llegada, es la linea cruzada de dos recorridos. Entre la esperanza y el olvido se crea  esta parada para los caídos. Ruidos en el vagón, mi corazón entre cuatro palos observa la acción. Se crea la aglutinación y todos caen en la tentación, en el intervalo se queda la mitad de su pasión. No todos pisan el escalón de la parada,  ya no todos los perros ladran. Con atención  para predecir su intención ,  lanzo el hueso de mi juego.  Algunos se tiran a degüello, caen en su propio ejemplo.  Me devuelven diez huesos, no quiero saber que paso en el momento. 

Pocos quedan en los intentos, muchos bajan en la parada del tormento, otros en la del camino recto. Y cuándo llegue mi parada tras el humo, querrás lo inoportuno. Intentarás subir al tren y yo reiré desde el otro anden. Anda y que te den, miserable retén.

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