miércoles, 16 de mayo de 2012

El obrerillo de los solsticios

Siempre igual, sin respuestas adecuadas.  No es normal, su pretensión por lo inmortal.  Incapaz de ser el capataz de mis ladrillos se crean los castillos. Asómate al edificio para poder escuchar cual es mi oficio. A mi me llaman el obrero de los solsticios, el mayor o menor sacrificios.  El artífice del siglo, es ficticio destino de mover los hilos.  Soy el niño de los astros y los planteas finos. Esos que giran diferente a si mismos, esos que componen el universo finito. 

Obrero muéstrame el secreto. Muéstrame tu poder sobre el universo y enséñame a construir mi cielo. Que yo también quiero castillos, quiero el desafío de la gravedad y sus físicos. Llamar a los astros psíquicos y aprender de la química,  saber cuál es la fórmula mítica.  Es culpa del tic-tac de buscar, cansado ya de dar. Quiero dósis de realidad, centrarme en mi humildad y dejarme llevar.  Aunque sea sobredosis, quiero encontrar el oasis en el desierto  de meteoros. Pisar el cosmos y bailar con las estrellas, corretear por ellas. Saltar las dunas y respirar esencia de la luna,  encontrar la ansiada cuna. De dónde nace una duda,  saber si la conexión es nula.

Invocarte musa, ante la excusa de elaborar mi verso.  Sumido en tu universo y tu vagando por el agujero.  Ese vacío negro en el que solo sobrevive el ego, iluso viajero.  Restan moléculas del que paso primero, sumido en el vórtice carcelero. Todavía se oyen sus ecos, lamentos del corporal deseo.Y yo el astral etéreo al que le sobra el cuerpo, la mente y el tiempo.  Las ganas y el momento, el imbécil sufrimiento.

Pero todo tiene su encanto aunque vaya despacio. Paso de ser el niño del espacio.  Soy tu reclamo en el castillo, un simple obrerillo de poesía en escritos.  El vórtice maldito y el encanto del no estereotipo.

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